La definición de manual dice que el visual merchandising es el conjunto de técnicas para presentar el producto en el punto de venta de forma que venda por sí mismo. Es correcta y ya no es suficiente. Llevo 28 años dentro de esa definición (montando escaparates para Zara en Francia, dirigiendo visual merchandising para CHANEL, coordinando temporada en Galeries Lafayette, diseñando para Lladró) y la disciplina que empecé a ejercer no es la misma que ejerzo hoy. Ha cambiado el terreno de juego.

De la exhibición de producto al sistema de recorrido
El visual merchandising clásico trabajaba sobre tres variables: producto, espacio, iluminación. El objetivo era que el cliente, ya dentro de la tienda, encontrara el artículo en el lugar y con la presentación que maximizara la venta. Funcionaba porque el recorrido del cliente era lineal y predecible: calle, escaparate, entrada, lineal, caja.
Ese recorrido ya no es lineal. Un cliente ve el producto en Instagram, lo busca en Google, compara precio en el móvil de pie frente al escaparate, y decide entrar (o no) según lo que encuentra en los tres formatos a la vez. El visual merchandising contemporáneo ya no diseña una tienda: diseña un sistema de puntos de contacto coherente entre el escaparate físico, la web y el móvil del cliente. La misma jerarquía visual, el mismo foco, la misma narrativa de marca, en los tres sitios.
Es la idea que defiendo en BARRONSYSTEM: el escaparate es el hero de la home, los puntos focales del interior son las secciones de producto de la web, la caja es el checkout. No es una metáfora bonita, es literalmente el mismo problema de diseño resuelto dos veces con herramientas distintas.







