Es uno de los problemas más frustrantes que veo en tiendas: el escaparate funciona a medias. La gente se para, mira, a veces hasta hace una foto… y sigue andando. Parece que el escaparate está bien, porque atrae. Pero atraer sin hacer entrar es solo la mitad del trabajo.
Cuando pasa esto, el fallo casi nunca está en lo que se ve dentro del cristal. Está en lo que ocurre entre el escaparate y la puerta. Estas son las seis causas que más me encuentro y cómo corregirlas.
1. El escaparate cuenta una historia que la tienda no continúa
El escaparate promete algo (una colección, un ambiente, un regalo) y al mirar hacia dentro no se ve nada de eso. El cliente siente que la promesa se acaba en el cristal. La solución es que lo primero que se vea al otro lado de la puerta sea la continuación directa del escaparate: el mismo producto, el mismo color, la misma idea.
2. No se ve el interior
Un fondo cerrado puede dar mucha fuerza al escaparate, pero si además la puerta es opaca o el interior está más oscuro que la calle, el peatón no sabe qué va a encontrarse dentro. Y lo desconocido frena. Deja al menos una ventana visual al interior y cuida que la tienda esté bien iluminada, sobre todo a partir de media tarde.



